miércoles, 22 de agosto de 2012
Cómo cambian las cosas...
miércoles, 25 de julio de 2012
martes, 29 de mayo de 2012
Incertidumbre...
miércoles, 15 de febrero de 2012
Querida maestra Rosalía...
domingo, 13 de noviembre de 2011
Shelter
Es extraño convivir con tantos jóvenes toda la semana. Me llenan de energía y al mismo tiempo me he vuelto un híbrido entre alguien a quien pueden admirar, una consejera, una mamá y hasta el paño de lágrimas de sus acercamientos a la dolorosa vida amorosa…
El año pasado descubrí que el mundo de los niños es el mejor que existe, pues su imaginación y su manera de percibir el mundo son maravillosos. Pero este año que en definitiva, estoy trabajando con los chicos de la secundaria, me he llevado muchas sorpresas.
Ahora ya son 24 chavos entre los tres grupos, de los cuales 10 presentan alguna “discapacidad intelectual” y la pongo entre comillas porque no es una barrera para que no se desarrollen en otros ámbitos. Este año me tocó darles una clase baile, el objetivo es enseñarlos a bailar, pero también a que socialicen y desarrollen habilidades físicas. Hasta ahora ha sido una sorpresa.
Siempre he pensado que el baile libera, nos hace desprendernos de nosotros para llevarnos al deleite de simple hecho de sentir la música y mover nuestros cuerpos. El baile nos eleva, nos desprende quizá hasta de nosotros mismo y también nos pone retos y nos enorgullece de poder sentir algo de manera diferente y expresarlo con el cuerpo.
El viernes pasado un chico de 16 años, que es uno de mis chicos especiales, me sorprendió de sobre manera en la clase de baile. Como tenemos dos horas para bailar, lo cual es mucho tiempo cuando están tan llenos de energía y la maestra ya está cansada porque es viernes… Resolví darles una hora de calentamiento, hacemos un poco de técnica de ballet y de danza contemporánea o yoga. Así que el chico L hizo un salto impresionante, emocionada por lo que vi, le enseñé algunos altos y vueltas y como es alto y delgado, llenaba el espacio del salón. Fue una gran experiencia porque el chico L quizá solo termine la secundaria, será muy difícil para él terminar la preparatoria, pero físicamente es muy hábil y eso significa que puede ser bailarín o jugar algún deporte, algo diferente que no sea la escuela y que lo haga feliz.
Entre ese descubrimiento y otras cosas que han sucedido, miércoles pasado en clase de inglés pasó algo que se me hizo propio de la adolescencia.
Los miércoles tengo tres horas seguidas con el grupo de tercero, es el día más pesado de mi semana, porque tanto ellos como yo terminamos el día cansados de vernos tanto tiempo… Tenemos una hora de historia y dos de inglés… Así que los miércoles una de las horas de inglés la ocupamos para escuchar una canción. Ellos llevan una canción, la letra y hacemos una actividad.
Mi alumna N es fan de The XX como yo, así que ella llevó la música y yo preparé la actividad con la letra de la canción que se titula Shelter. La canción es melancólica, la letra es triste y la música me encanta. El punto es que en un momento de la canción, mi alumno E comenzó a llorar, pero a mares y con mucho sentimiento, a él le quería seguir A y las chicas que al final de cuentas se controlaron, menos G que es de acción retardada porque lloró al final de la clase… Cuando eso sucede en un salón en donde nueve adolescentes se sensibilizan de esa manera, no hay más que quedarte don ellos, sobre todo con el que comenzó a llorar primero, tomarlo de la mano y reconfortarlo…
Buenas experiencias, me recuerdan a lo que de alguna manera ya viví…
Aquí Shelter….
http://youtu.be/UfTfHTUUee4
jueves, 14 de julio de 2011
De como entre a trabajar en el CCH-Naucalpan...
Hace unos mese, recibí la llamada de una mujer que fue mi maestra en la universidad. Me llamó básicamente para decirme que si quería dar clase 4 horas de lunes a jueves en el CCH- Naucalpan, se las habían ofrecido a ella, pero el tiempo completo que tiene en la FES- Acatlán no se lo permitía. De inmediato dije que si, sin dudarlo, pues esa era la oportunidad que tanto esperaba y como estas solo llegan pocas veces, hay que tomarlas.
Entré al CCH- Naucalpan a cubrir a un profesor que estaba enfermo. Los chavos ya tenían un mes sin clase de Historia Moderna y Contemporánea II. Así que un jueves entregué papeles y el lunes me presentaba. Estaba sumamente emocionada y feliz, porque la UNAM ya es otro rollo, no por hacer menos al colegio donde trabajo por las mañanas, porque me ha dado de comer y me va bien, pero es un colegio en formación, así que es diferente. La otra emoción era trabajar con chavos a nivel bachillerato… Desafortunadamente algunos (eso que quede claro, solo algunos) chavitos clasemedieros aspiracionales, han sido un pain in the ass. Así que los chavos del CCH me intrigaban.
Así desde marzo comencé a trabajar con ellos y descubrí otro mundo. En primera trabajé con 4 grupos de más de 50 alumnos cada uno, (me quedó clarísimo el concepto de educación masiva), en segunda, me di cuenta que el programa es muy libre, independientemente de la libertad de cátedra, es el acceso a los materiales, el fondo de películas con el que cuenta el CCH es grandísimo y el acervo de la biblioteca también. La clase en sí, uno la puede convertir en toda una experiencia. Y aunque los chavos son como tribus que no conocen la moneda y hablan otro idioma y aparte son dominados por sus hormonas… me encontré con chavos bien críticos, que expresan opiniones muy buenas, con los amantes secretos de la historia, aunque ellos no lo sepan y eso me gustó. Otros chavos (los miedosos de perder puntos por realizar bien un resumen de 50 páginas, que no sirve de nada); como era de esperarse, se sacaron de onda, con la maestra y su manera de enseñarles historia y aunque quisieron que yo volviera a los antiguos métodos de enseñanza en donde la clase es una dictadura, terminaron por aceptar que la que tiene las listas soy yo. Y también están los desmadrozos que solo calientan el lugar, las chicas embarazadas a los 16, los emos, los hippies del 2011, los reguetoneros, los hip-hopperos que bailan break dance, etc. Es un mundo en donde los jóvenes vibran, te transmiten su energía.
Los compañeros también son otra experiencia digna de contarse. Para empezar me reencontré con un profe que me dio clase en la universidad y que fue mi asesor de tesis, de una tesis fallida que nunca se concluyó, así que me dio mucho gusto verlo de nuevo, después de tantos años, platicar con él y escuchar sus consejos porque finalmente para trabajar con los chavos, con esa cantidad de chavos hay que ingeniárselas, pues no es fácil captar su atención, sensibilizarlos y sobre todo tratar de que ellos comprendan el pasado. Después conocí a varios compañeros, sociólogos, economistas, historiadores, filósofos, que de alguna manera al entrar al Colegio de Historia (que es como la sala de maestros) me sentí por primera vez en el lugar indicado. Es diferente estar en la UNAM.
Así pues se pasaron los días y terminó el semestre y llegaron los cursos de actualización para profesores (que por cierto hay unos muy buenos) y es cuando empecé a entender que entrar a la UNAM es una maravilla, pero el quedarse depende de muchas cosas… Existe una planilla jerarquizada, para entenderla fácilmente es lo siguiente: entre más años tengas en el CCH, más derechos tienes sobre las clases y obviamente más seguro tienes tu estancia ahí. Así que después de terminadas las clases, el CCH saca boletines donde muestra una porción de grupos que no tienen maestros asignados. Uno aplica vía internet o vía escrita. A la semana salen resultados y normalmente solo salen los profes que tienen años dando clases, conocí profes que tienen hasta 38 años impartiendo clase y el CCH este año cumplió 40 de haberse creado! Después viene el segundo boletín… que es donde hasta ahora yo me quedé, aun no salen resultados hasta regresando de vacaciones… Y segura estoy que como en el primero no me tocó nada… Es decir que el profesor que entra al CCH que es nuevo, como yo, en estas semanas de vacaciones, piensa mucho en que si le asignaran grupos o no. En que su destino es aún incierto, hasta que las listas que se pegan en la Dirección marquen lo contrario…
Aun con todo… me gusta trabajar en el CCH, es toda una experiencia.