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miércoles, 31 de enero de 2007

PARIS

Nunca imaginé que París fuera tan bello e inspirador. Recorrimos París visitando los lugares obligados: Le Bastille, Le Louvre, Les Champs Elysées, Notre Dame, Le Tour Eiffel y L’Arc de Triomphe. Siempre los lugares turísticos causan impresión, son visitados por esa razón, pero el viaje a París fue más importante por habernos recibido con un sol radiante y un viento helado, por sus calles y por la capacidad que tiene el Río Sena de inspirar y causar sentimientos artísticos. Indudablemente disfruté más París el día que Gustavo decidió hacer su propia ruta Julio Cortázar, basada en los nombres de los pasajes (passeges) mencionados en su cuento El otro cielo donde dicho escritor se inspiró. Caminamos entre las calles de París buscando los pasajes lo que causó que conociéramos otro lado de la cuidad, fuera del glamour y del turismo, uno de gente sencilla, de casas y calles secretas, el que no pretende aparentar nada. Fue ese día que descubrí y pensé para mis adentros que es un buen lugar para comenzar una vida nueva. Una tarde buscamos el Barrio Latino, que no es precisamente donde se encuentran cubanos, dominicanos y toda América Latina; se llama así porque antaño, era el barrio donde alumnos y maestros hablaban latín, hasta hoy día se dice que se puede encontrar a algunos maestros y alumnos que practiquen latín, ahora se ha convertido en un lugar lleno de colorido. Por otro lado una de las cosas que más disfruté fue el metro, siempre me ha parecido que dicho transporte es un punto diferente en una cuidad, un lugar donde hay cientos de personas que viajan en un mismo vagón, pero que todas llevan un mundo propio escondido entre sus sueños, sus rostros cansados y el abrir y cerrar de las puertas de los vagones. También es un lugar para observar a los que viajan, esta vez los que viajaban en el metro de París no tan solo son franceses sino muchos migrantes, en su mayoría africanos que no han sido socialmente bien recibidos, como los que observé en la subida a la iglesia de Sacre Cour, que vendían listones de colores para dejar al Santo de dicha iglesia, miraban con desafío y coraje a cualquier turista que una vez más les decía: “no, merci” y que a los pocos minutos fueron desalojados por la policía para dejar libre el parque que rodea a la iglesia, así también los vimos cerca de la zona roja, en donde a sus alrededores tiene sus propias tiendas de ropa, de comida, de abarrotes, en donde puede observar una estética que vende tintes para las mujeres de raza negra. Por ese barrio, cuyo nombre desconocimos, se puede ver y sentir un ambiente diferente, a desigualdad y a tolerancia aparente.
Aun con todo, en París un artista no tiene que abandonar su vocación, abundan los carteles de obras de teatro, conciertos y cine (que por cierto me agradó saber que Hollywood no logra más que poner algunas películas en cartelera porque el cine francés tiene tanta producción y de buena calidad que no hace falta llenar sus carteleras con malas películas). Las galerías de arte en las que abundan la pintura y la fotografía son espacios abiertos al público y se presentan obras tanto de nuevos pintores como fotógrafos.

En fin París es bello, tan bello como mirar el Río Sena y saber que la vida es hermosa no importa lo que pase, solo se necesita inspiración y pasión para hacerlo.

1 comentario:

Alejandra dijo...

Gracias por escribir lo que otras no escribimos ;) expresas casi a la perfeccion lo que yo vivi este diciembre en Paris... ;)
Creo que deberias seguir escribiendo! es inspirador leer las palabras sencillas y honestas de una mujer maravillosa que se cruza en mi vida sin anunciarse...